Lo básico, sin enredos
Por dentro, el diente tiene un “corazoncito” llamado pulpa dental (la gente le dice “nervio”).
Ese nervio lleva sangre y señales de dolor, como los cables que conectan un control con la consola.
Si una caries es profunda, si tuviste un golpe o una fractura, ese nervio puede inflamarse o infectarse.
Y cuando eso pasa, el dolor puede ser fuerte, punzante y a ratos hasta insoportable.
¿Qué es un tratamiento de nervio?
Es como “abrir la consola para arreglar el cable dañado”.
Quitamos el tejido enfermo, limpiamos por dentro, desinfectamos y sellamos para que no entren bacterias otra vez.
La meta es salvar tu propio diente para que siga funcionando bien y sin dolor.
¿Y qué pasa si no lo hacés?
Lo cierto del caso es que dejarlo “para después” no lo soluciona; más bien complica el asunto.
- Más dolor: la inflamación puede volverse crónica y duele al masticar, al tomar algo frío o caliente, o incluso de la nada.
- Infección y absceso: se puede formar una “bolita” con pus en la encía (absceso) que hincha y molesta un montón.
- Mal olor y mal sabor: la infección puede generar mal aliento y un sabor raro.
- El diente se oscurece: al perder vitalidad, el diente puede cambiar de color y verse más gris o café.
- Pérdida de hueso: las bacterias pueden afectar el hueso que sostiene el diente, debilitando todo el soporte.
- Terminás perdiendo el diente: si el daño avanza, a veces ya no hay nada que hacer y hay que extraerlo.
“Pero ya no me duele, ¿entonces estoy bien?”
Ojo con esto: que el dolor baje no siempre es buena noticia.
Puede significar que el nervio “murió” y dejó de avisar, pero la infección puede seguir avanzando silenciosamente.
Es como silenciar las notificaciones del celular: el problema sigue ahí, solo que no te avisa.
Señales rojas que no hay que ignorar
- Dolor que va y viene o que te despierta en la noche.
- Sensibilidad al frío o al calor que dura más de unos segundos.
- Hinchazón o un “granito” en la encía cerca del diente.
- Diente que cambió de color.
- Mal sabor constante o mal aliento que no se va con el cepillado.
Beneficios de tratarlo a tiempo
Actuar temprano no es solo “para que no duela”.
- Salvás tu diente natural: nada se ve ni funciona tan bien como tus propios dientes.
- Comés sin miedo: volver a morder tranquilo es un alivio total.
- Evitas problemas grandes: cuanto antes se trata, menos complicado y más predecible es el procedimiento.
- Mejor estética: mantener el diente evita espacios, movimientos raros o soluciones más costosas a futuro.
“Me da miedo… ¿duele mucho?”
Tranquilo.
Hoy en día usamos anestesia efectiva y técnicas modernas para que el procedimiento sea cómodo.
La mayoría de pacientes nos dicen al final: “¿Eso fue todo?”
De verdad, el dolor de no tratarte suele ser peor que el procedimiento.
¿Cómo se cuida el diente después?
Luego del tratamiento, ese diente queda limpio por dentro, pero más frágil (como una carcasa sin la pieza interna).
Por eso, muchas veces recomendamos una corona o restauración fuerte para protegerlo y que te dure años.
- Cepillate dos veces al día con técnica suave, sin “brochar” como si fuera una olla.
- Usá hilo dental (sí, hace la diferencia).
- Evitá morder hielo, huesos o abrir paquetes con los dientes (no sos una herramienta).
- Hacé controles regulares; así detectamos cualquier cambio a tiempo.
“¿Y si al final hay que sacar el diente?”
Si ya está muy destruido, quizá la extracción sea el plan más seguro.
Pero eso trae otros pasos: reemplazar la pieza con un implante o un puente para que no se te desacomoden los demás dientes.
Por eso insistimos: salvar el diente a tiempo casi siempre es la mejor jugada.
Analogía rápida para que no se te olvide
Imaginá una llanta con un clavo.
Si lo sacás y parchás de una, el carro sigue bien.
Si manejás así por días, la llanta se daña, se deforma el aro y hasta podés quedarte botado.
Con el diente pasa algo parecido: arreglar a tiempo evita un desastre mayor.
Tu decisión, tu sonrisa
No queremos asustarte; queremos que tengas la info para decidir bien.
Si sentís algo raro en un diente, no lo dejes para “cuando tenga tiempo”.
Lo cierto del caso es que tu salud bucal te acompaña todos los días para comer, hablar y sonreír con confianza.
¿Qué sigue?
Si necesitás revisar un diente, despejar dudas o saber si ocupás un tratamiento de nervio, hablá con nosotros.
Mejor ven aquí a Minotre y Pacheco y lo vemos con calma, te explicamos con palabras simples y te damos el plan más seguro para vos.
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